
"...Deja también que tus entrañas se llenen de caridad para con todos los hombres, y para con lo de la familia de la Fé, y deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo.
El Espíritu Santo será tu compalero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad; y tu dominio eterno, y sin ser compelido fluirá para ti por siempre jamás"
Doctrinas y Convenios 121: 45 - 46.
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